La velocidad en la conducción de vehículos es un factor coadyuvante en la generación de siniestros viales
Por sí sola, no es la causa de éstos, sino que generalmente va asociada a alteraciones – perceptibles o no -, en el comportamiento humano (fatiga, somnolencia, ingesta de alcohol, consumo de drogas, medicamentos, desórdenes psíquicos, actitudes temerarias, inobservancia de las normas, etc.). Es así como en asociación con alguno o algunos de estos elementos puede constituirse en una fórmula en muchos casos letal.
El exceso de velocidad, por encima de los límites fijados para el tramo por el que se circula, constituye de por sí un factor que, ligado al estado y características de la infraestructura, puede ser motivo de siniestro, razón por la que siempre es necesario adecuar la velocidad a las condiciones del camino y clima, dentro de la premisa de mantener las mejores condiciones de seguridad que nos brinde nuestra unidad y el entorno que nos circunda.
Conducir a la velocidad máxima permitida tampoco es sinónimo de seguridad absoluta. Es mejor mantener una actitud precautoria de forma permanente, atendiendo sin distracciones a las condiciones del tránsito reinante.
La velocidad debe adecuarse a las indicaciones de las señales de tránsito, y si éstas no estuvieran, tener en cuenta que el camino por el que se transita - por sus propias características y categoría -, tiene una velocidad máxima fijada en la ley, cuyo valor mínimo no puede ser inferior a la mitad del valor de dicha máxima (válido para zonas urbanas y autopistas; en rutas y semiautopistas es de 40 Km/h, según el art. 52° de la Ley 24.449)
Es importante destacar que circular a velocidad muy reducida es también peligroso, razón por la que se aconseja ,- en caso que este comportamiento resulte necesario -, hacerlo bien ceñido a la derecha, de ser posible saliendo cuanto antes de aquellas vías de circulación rápida.
Si bien la velocidad debe regularse observando la señalización existente (que debe ser inequívoca, no dando lugar a dudas), también puede controlarse mediante la geometría y textura del camino, creando diferentes situaciones que generen en el conductor un mayor respeto y atención al circular, debiendo extremar éste los recaudos necesarios que exija ese tramo.
Llegar unos minutos antes a destino, o intentar batir el record de nuestro vecino, obligan en todos los casos a adoptar actitudes temerarias, reñidas con la seguridad en la conducción, que pueden desembocar en un siniestro vial, cuyas consecuencias (y no todas) vemos lamentablemente con demasiada frecuencia en los medios.
En todos los casos, es muy importante ser conscientes que nuestro estado psicofísico es normal, y que una vez en el camino debemos respetar la señalización y condiciones del medio.
Por último, es aconsejable no confiarse demasiado de la mejor seguridad que sin duda brindan las autovías y autopistas, debido a su esencial característica de funcionar en sentidos circulatorios independientes, porque una simple distracción a velocidades elevadas puede terminar en fracciones de segundos con nuestro apuro, y en muchos casos con nuestra propia vida.
El Automovil Club Argentino
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