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Es indudable
que desde la creación del cinturón de seguridad por el ingeniero
sueco Nils Böhlin de la empresa Volvo, allá por el año
1959, éste ha contribuido en forma significativa a la disminución
de la mortalidad en los accidentes de tránsito.
No son pocas las veces que hemos dedicado páginas de esta revista
para tratar el tema, ya que hoy, a más de 40 años de su
aparición, sigue siendo el elemento de seguridad por excelencia
para la prevención de lesiones en una colisión.
Tal es la importancia de este elemento de seguridad que su uso obligatorio
ha sido incorporado en la legislación vial de gran parte de los
países del mundo.
Nuestra ley de tránsito -N° 24.449- establece muy claramente
en su artículo 40 inciso k) la obligación del uso del cinturón
de seguridad por parte de los ocupantes del vehículo.
No obstante, a pesar de lo establecido en dicha normativa, existe un concepto
bastante arraigado en los conductores, de que el cinturón de seguridad
sólo resulta necesario en rutas o autopistas, es decir al conducir
a altas velocidades. Dicho concepto se aleja bastante de la realidad,
ya que la mayoría de las colisiones se producen a una velocidad
menor a los 40 km/h. En este punto cabe recordar que un impacto a tan
sólo 16 km/h equivale a recibir encima el golpe de un cuerpo de
unos 90 kg. de peso. Una colisión a 30 o 40 km/h puede producir
en los ocupantes, como producto de la brusca desaceleración, serias
lesiones al golpear contra el parabrisas o el mismo volante; éstas
pueden evitarse al mantener el torso firme contra el respaldo del asiento
mediante el cinturón de seguridad.
El cinturón podrá evitar que el conductor u otro ocupante
salga despedido en caso de choque o vuelco; permaneciendo en el vehículo
tiene una posibilidad cuatro veces mayor de sobrevivir que saliendo despedido
del mismo.
Es entonces, ante el hecho inobjetable de la importancia del uso de este
elemento de seguridad que surgió en la Oficina de Educación
Vial del ACA la inquietud de traducir en números la conducta de
los usuarios al respecto, evaluando ésta sobre una población
de 2612 conductores. .
Dicho relevamiento ha arrojado los siguientes valores:

Periodo.
Noviembre y diciembre de 2002
Al mirar esas cifras,
resalta en una primer lectura el bajo porcentaje del uso del cinturón
de seguridad por parte de los usuarios.
Estos porcentajes no difieren demasiado de los que vertiera un matutino
el 13/10/02 según la Dirección General de Seguridad Vial
del Gobierno de la Ciudad, en el que se indicaba que el 83% de los conductores
no usa el cinturón de seguridad.
Existe por otra parte quienes aducen que el cinturón les incomoda
o impide la realización de maniobras o bien que no lo utilizan
por temor a quedar atrapados ante casos de accidentes que ocasionen el
incendio o la inmersión del vehículo.
Aquí también viene a cuenta otra aclaración: según
las estadísticas, el porcentaje de accidentes por incendio o inmersión
es tan sólo del 1 % y por el contrario, el cinturón evita
en esos casos que los ocupantes del vehículo sufran golpes que
puedan desmayarlos o paralizarlos, pudiendo de esta forma librarse inmediatamente.
Las cifras son contundentes, una gran mayoría hace caso omiso a
lo que la ley determina pero es nuestro propósito informar, no
sólo lo que se debe, sino por qué se debe.
Usar el cinturón
de seguridad no es sólo cumplir una reglamentación para
evitar una posible multa o advertencia policial, es tener más del
doble de posibilidades de sobrevivir en un accidente de tránsito.
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