DISERTÓ EL DR. RICARDO
BALESTRA EN EL ACTO POR EL 9 DE JULIO
El pasado 8 de julio se celebró
en la Sede Central de la Institución el 188° aniversario
de la Independencia de la Patria en un acto que fue presidido
por el titular del Club, Dr. Juan Manuel Sandberg Haedo y en el
que se hallaban presentes directivos, socios, funcionarios, personal,
concesionarios y representantes de las fuerzas vivas de la zona.
Fue orador el Dr. Ricardo Balestra, quien se expresó en
los siguientes términos:
“Evocamos hoy un nuevo aniversario de la Independencia Argentina.
Aquella declaración pronunciada por el Congreso de Tucumán
el 9 de julio de 1816 llegó en un momento crucial de nuestra
vida patria. El camino de la libertad había sido iniciado
ya en el Cabildo Abierto de mayo de 1810, que culminaría
con la formación de la Primera Junta de Gobierno.
De allí en adelante, comenzó la gesta de la independencia,
que tuvo como líder americano a Don José de San
Martín y a otros ilustres argentinos como el general abogado
Don Manuel Belgrano, Güemes, Azcuénaga o Álvarez
de Arenales, como protagonistas.
Pero aquella gesta libertadora necesitaba de un claro pronunciamiento
independiente de la joven Nación que llegó, pues,
con el Congreso de Tucumán, presidido por Narciso de Laprida.
Afianzada, tras luchas memorables, la independencia de la nueva
Nación, otros debates internos marcaron el inicio de nuestra
vida institucional: los conflictos entre unitarios y federales
y la anarquía de 1820.
Desde allí, un arduo derrotero
esperaba a la Argentina, hasta encontrar plasmada su organización
constitucional en la ley fundamental de 1853 y 1860.
Y después, los beneficios consiguientes al imperio del
derecho, para consolidar la paz interior y constituir la unión
nacional.
He aquí dos valores supremos del Estado Nación civilizado,
pues, sin paz nada puede obtenerse sino la anarquía y el
caos.
Y, sin una genuina unión de los argentinos, resulta imposible
el afianzamiento de la justicia en todos sus aspectos, condición
ésta del mismo progreso espiritual y material.
Pues bien, la libertad de 1810, como la independencia de 1816,
necesitaban de la organización constitucional definitoria,
a fin de no quedar en fórmulas vacías de contenido
y, por ende, insuficientes para aglutinar las voluntades en el
común empeño nacional.
Diría Esteban Echeverría en 1937, frente a la división
de unitarios y federales, que, por encima de las facciones estaba
nuestra condición misma de argentinos, pues la Nación
es, en último análisis, un emprendimiento espiritual,
antes que político, para afirmar nuestra propia identidad
ante el resto del mundo.
Y a este principio superior lo
tuvieron muy en cuenta los héroes de nuestra independencia:
los que regaron con su sangre el suelo americano para obtener
la hazaña continental; los que abandonaron sus bienes e
intereses para ofrecerlos a la causa nacional; los que lucharon
con la pluma o la palabra para echar las bases políticas
y legales de la Nación en marcha.
Todo esto y, por cierto mucho más, significa la gesta de
la independencia argentina.
Constituye además un legado histórico que, en los
tiempos que corren, se vuelve mandato irrenunciable. Cuando las
penurias de la inseguridad, los devaneos de la corrupción
o el crimen generalizado amenazan con corroer los cimientos mismos
de la República.
A la hora de enfrentar las dificultades, resulta ineludible, pues,
recurrir a los ejemplos de nuestra historia, a la abnegación
y el patriotismo de nuestros próceres. Para así
lograr la hoy quebrantada unión, alcanzar una paz duradera
y conciliar la justicia con la libertad.
Este es hoy un motivo convocante en la evocación de nuestra
independencia.
Pero la independencia se afianza y se cultiva, además,
con el trabajo solidario y responsable, que debe ser de todos
los argentinos.
Sin especulaciones y sin eufemismos. Imbuidos de la mística
surgida de los mejores ejemplos, que son los que generan, a su
vez, las mayores convicciones.
En el convencimiento, así, de que la Nación independiente
es una y en toda su geografía, para que aquella solidaridad
en el trabajo redunde en un país con igualdad de oportunidades,
también para todos los argentinos.
Ejemplo de trabajo, solidaridad y esfuerzo, en toda la Nación,
es esta institución emblemática que celebra hoy
su centenario: el Automóvil Club Argentino.
Todas las provincias, muchas ciudades y caminos del país
son testimonio vivo de este formidable emprendimiento civil.
Su propia organización nacional constituye una síntesis
de eficacia y responsabilidad, lograda por el esfuerzo de sus
directivos, la honorabilidad de su gestión y la seriedad
de sus procederes.
Siempre admiré al Automóvil Club Argentino. Mas
recientemente aprendí también a quererlo, cuando
supe de sus grandes valores humanos, que mi hermano Juan Balestra
me refirió más de una vez.
Y esta feliz coincidencia de evocar hoy un nuevo aniversario patrio
a la vez que celebrar el centenario de este querido Club, me llena
de emoción y de alegría. Por todo lo que evocamos,
por la memoria de mi hermano y por tener el tan alto honor de
poder haberles dirigido la palabra a ustedes, en este bastión
argentino que hoy nos alberga.
Dios bendiga a nuestra Patria y quiera que el Automóvil
Club Argentino siga iluminando con su luz ejemplar todos los caminos
de la Nación".
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