La combativa y acrobática tararira
Da una lucha sin cuartel; por eso la tararira es una de las especies preferidas del pescador deportivo.
Científicamente se
llama "Hoplias Malabaricus", pero comúnmente se la conoce como
"tararira", aunque también de acuerdo a las distintas zonas
donde habita la llaman "taralila", "tarucha", "tarango"
y "dientudo", mientras en Santiago del Estero se la conoce como "zoco".
Es una de las especies de agua dulce de mayor combatividad, cualidad a la que
aúna astucia, voracidad y acrobacia. No tiene enemigos naturales en aguas
encerradas, salvo el ser humano, por lo que su proliferación no es muy
complicada, mientras que en cursos abiertos tiene como principales predadores
al dorado y la palometa. Su alimentación básica en el primero
de los ámbitos mencionados son las mojarras, ranitas, dientudos y en
general cualquier alevino que se le ponga a tiro; si su pesca se realiza en
aguas libres como ríos, cualquier camada blanca, además de la
"dieta" habitual de lagunas.
No intente pescar
tarariras sin un equipo resistente y sin tomar todas las precauciones antes
de quitarle el señuelo de entre sus poderosos dientes.
Se la ubica mayormente
cerca de la costa y en especial cerca o entre la vegetación -por ejemplo
juncales- eligiendo sitios calmos y poco profundos donde el agua se calienta
más rápidamente, lo que activa su sentido de ataque y alimentación.
Es preciso aclarar, de todos modos, de acuerdo a la experiencia que da la práctica,
que en general se pone más agresiva cuando se invade su coto, ya que
es eminentemente territorial, incluso con sus congéneres.
Al no poseer capacidad
de rápido desplazamiento, prefiere acechar a sus potenciales presas mimetizándose
en el ambiente. El mejor momento para intentar su captura es al atardecer, por
diferentes y lógicas razones: las aguas lograron su mayor temperatura
ambiente luego de recibir durante la mayor parte del día los rayos directos
del sol, y en general el ambiente se tranquiliza al apaciguarse la actividad
humana (llámese movimiento de embarcaciones, niños que juegan
cerca de la costa o especies animales que se van retirando para su descanso
nocturno). Si bien se trata de un pez que toma decididamente cebos naturales,
la mayoría de los aficionados la han "seleccionado" para pescarla
con artificiales, ya sean cucarachas, señuelos e inclusive -con singular
éxito- también la mosca. En esta última modalidad, sirve
para aquellos que tienen pensado pescar truchas en el sur como práctica
y experiencia.
En busca de tentarla
Se puede intentar la
captura de la tararira desde embarcación o vadeando cerca de la costa,
siendo esta última la más usual, para lo cual se practica el spinning;
en este caso el equipo a utilizar puede estar compuesto de una caña de
entre 1,80 y 2,20 metros, con capacidad para arrojar pesos de hasta 20 gramos,
reel frontal chico cargado con nailon del 0,30 e indefectiblemente un leader
de acero de no más de 20 centímetros de largo, pues esta especie
posee una poderosa dentadura que corta fácilmente la línea. Y
aquí debemos hacer una recomendación muy especial, ya que aunque
se trate de un ejemplar pequeño, si no tomamos las precauciones necesarias
puede cercenarnos tranquilamente un dedo: por ello es indispensable utilizar
una pinza de punta larga para extraerle el anzuelo o el señuelo; su peligrosidad
es fácilmente comprobable si observamos cuántos artificiales quedan
inutilizados al final de una jornada de pesca. El equipo para esta modalidad
se complementa con un wader, que es un pantalón impermeable el cual tiene
incorporado botas; también resulta muy práctico contar con un
chaleco con varios bolsillos que nos permitirán cargar con todos los
elementos indispensables luego de que estemos internados en el agua. Por último,
no está de más llevar en bandolera un copo para aproximar más
cómodamente la pieza y sin peligro de que se escape o nos lastime.
Pez de hábitos territoriales, la tararira es una especie combativa de notable fuerza. |
Los lances deben cubrirse
en forma de abanico hasta cubrir el área deseada donde deduzcamos que
se hallan nuestras potenciales presas. Luego de obtenida una tararira, es conveniente
moverse sigilosamente del lugar, o bien esperar unos 10 minutos hasta que se
tranquilice el sector, ya que la lucha que presenta al sentirse prendida revoluciona
el lugar y alerta a sus congéneres.
Para el caso que decidamos
pescar desde una embarcación, sea bote, gomón o piragua, es indispensable
no usar motor de ninguna clase para no alterar el ambiente: a lo sumo, el último
centenar de metros de aproximación hacerlo a remo y muy despacio, sin
golpes violentos. La técnica es similar, sólo que nos acercamos
desde un punto contrario como la costa.
Para incentivar a este
astuto pez, recuperamos el artificial con suaves e irregulares tirones, mientras
mantenemos la caña en forma casi horizontal, con el puntero direccionado
hacia el cebo ofrecido. Y esto tiene su explicación, ya que si esos movimientos
los provocamos con la punta de la caña, alternativamente se perdería
contacto de tirantez con el señuelo y si se prende un ejemplar, puede
que fallemos la clavada al tener que efectuar un recorrido más amplio
que nos brinde firmeza de acción. Asimismo, al tenerla prendida, debemos
evitar que profundice por dos motivos: le restaríamos emoción
a la captura al no poder disfrutar de su mayor atracción, que son sus
saltos malabáricos fuera del agua y, por otra parte, si se interna entre
los juncales o vegetación acuática, podríamos perderla...
y también parte del equipo. Además de la satisfacción que
da su pesca deportiva, debemos agregar que existen numerosos lugares donde encontrarla,
sea en ríos, lagunas, arroyos, canales y en general, en casi todos los
ambientes de agua dulce, que se encuentran diseminados en cualquier "ruta"
de todo aficionado. La población de tarariras es muy abundante, el equipo
es muy sencillo,. y si bien el costo mayor lo representan los artificiales,
en la actualidad hay en plaza varias marcas nacionales de muy buena calidad
e incluso importadas, que cubren las expectativas. Precisamente esa abundancia
hace que los precios sean tan competitivos y que se vuelvan muy accesibles.
Finalmente, cada salida de pesca casi siempre dará revancha, pues la
temporada de la tararira dura generalmente entre 5 y 8 meses, en función
de las temperaturas elevadas que puedan presentarse cada año.