ES TIEMPO DE PEJERREYES

 

Al llegar el otoño muchos intentan sus primeros lances con el pejerrey -sobre todo a partir de Semana Santa-, cuando no antes, al soplar los primeros vientos del cuadrante sur que refrescan el ambiente. Si bien esta especie es capturable todo el año y en diferentes ámbitos -laguna, río o mar- en otoño e invierno es cuando más propicia se presenta la captura.
En principio, con los primeros lances, se puede notar la voracidad de las flacas "flechas de Plata", sobre todo en el estuario del Río de la Plata, donde no reconocen selección de carnadas, ya que toman con avidez tanto la clásica y siempre rendidora mojarra como la carnada blanca consistente en filete de dientudo o bien del mismo pejerrey; asimismo, no desdeñan la infaltable lombriz de tierra.
 

Para los pescadores deportivos, en otoño, comienza una de las temporadas no oficializadas por calendario pero muy esperada: la del pejerrey de agua dulce.

 

A medida que va avanzando en la época propicia, el pejerrey se torna más selectivo y es entonces cuando hay que extremar las sutilezas: anzuelos bien afilados y correspondientes al tamaño de su boca, un buen monofilamento, el apropiado color de la boya y, por sobre todo, pasar flotalíneas al nailon para que no se hunda y contar con una certera clavada. Decíamos de adecuar el bocado a tomar para seleccionar los portes mayores, ya que es sabido que los más chicuelos se adelantan a sus mayores, por una natural falta de prejuicios e inexperiencia.
Con respecto al equipo a utilizar, conviene cambiar totalmente el nailon del reel, pues esta especie generalmente se pesca en aguas salobres y con el paso del tiempo se va deteriorando: así se evitarán cortes imprevistos e inoportunos, producto del lógico uso y melladuras. Además, si antes lo hemos usado con flotalíneas, el mismo producirá el efecto contrario al deseado pues se hundirá y no trabajará adecuadamente. Con respecto a los anzuelos, salvo los oxidables que no necesitan de afilado, es conveniente pasarles antes de cada salida una buena piedra de carborundum. Con relación al reel, hay que lubricarlo en su justa medida, sin excesos que redunden en impregnaciones que pueden llegar a afectar el éxito de una jornada de pesca.
 
   Equipos y preparativos
No está de más aconsejar, aunque a más de uno le cueste aceptar, que no se debe fumar durante la jornada elegida para pescar, para evitar impregnar con olor a nicotina la carnada y así disminuir las posibilidades, sabiendo que el pejerrey es muy degustativo. Además, hay que tener las manos libres de materias aceitosas o grasas, perfumes, repelentes e incluso del más común de los jabones odorizados.
Con referencia al equipo, empezando con la caña, no resulta tan simple la elección, pues no sólo debe adaptarse a la contextura física del pescador, sino que debe requerir ciertas características, ya que no corresponde a una práctica de espera, sino que debe empuñársela constantemente: por eso, como premisa básica, debe cumplir el requisito de ser liviana para no producir cansancio al empuñarla. Debe contar con adecuada acción de punta, ya que las cañas parabólicas no resultan eficaces para clavar. El largo puede oscilar entre los 3,90 y 4,20 metros.
Respecto del reel, no hay dudas en su elección, pues se utilizarán los modelos frontales: en el mercado hay gran variedad de precios y calidades, ya sean nacionales o importados; deberán ser pequeños, livianos y de perfecto devanado, aptos para cargar 100 metros de monofilamento de 0,25 a 0,28 mm de diámetro.

El pejerrey sin duda es una de las especies preferidas del pescador deportivo. En el Río de la Plata se encuentra uno de los mejores ámbitos.

Tres ó 4 líneas para río, conformadas por cinco boyas que irán de los 6 a los 12 mm, de colores varios, anzuelos N° 7 llamados de punta de cristal, de acuerdo con los tamaños que se estén dando en ese momento; 3 ó 4 líneas laguneras, las clásicas de tres boyas tipo palito o cónicas, o bien aquellas redondas con una canaleta central que permiten almacenar nailon y graduar la profundidad ideal de la brazolada. Los anzuelos infaltables son los numerados del 1 al 3; también es conveniente contar con algunos boyones impulsores de distinto peso, para cuando sea indispensable arrojar el aparejo lejos de la embarcación; una piedra fina de carborundum para asentar la punta de los anzuelos aunque sean nuevos; un cuchillo de hoja pulida de unos 20 centímetros para filetear la carnada y eviscerar el producto de la pesca; una tablita para cortar la carnada; flotalíneas; alicate para cortar nailon y las colitas de los nudos. Con relación al boyón impulsor, requiere un uso adecuado pues su peso debe estar acorde con la distancia que se pretende alcanzar, ya que un peso excesivo produce al caer una alteración del ambiente que espantaría a la presa codiciada; tiene que ser de un peso tal que con un suave movimiento de la caña se llegue al lugar deseado. Los pasahilos ocupan un lugar preponderante en la efectividad del conjunto: deben ser livianos, relativamente grandes para el libre paso del monofilamento y de material resistente a la fricción, ya que las canaletas que provoca el mismo van resintiendo su vida útil.
El tema de las brazoladas requiere de un cuidado particular y personal, pues muchos aficionados prefieren las que penden fijas al rotor, al considerarse hábiles manualmente en su confección y cambio en el momento preciso. Otros eligen las de brazoladas extensibles como las yo-yo, aunque tienen el inconveniente que con el tiempo de uso adquieren la forma del enrollado.
Finalmente, habrá que considerar que todos y cada uno de los elementos requieren de una elección prolija, para que cuando llegue el momento en que nos deba prestar servicio no nos falle.