Los grandes del norte correntino
Dorados y surubíes llevan el mote de "los grandes del río", no sólo por su porte sino también por sus cualidades para la pesca deportiva.
Aguas abajo de la represa de Yaciretá-Apipé y hasta la preciosa Paso de la Patria, ubicada poco más de treinta kilómetros antes de la capital correntina se erigen numerosas "canchas" en las cuales es posible capturar una gran variedad de peces, entre los que se destacan, por su combatividad y por su peso, los dorados y los surubíes.
Saltos muy dorados
El dorado es uno de los peces
deportivos más calificados del mundo. Destacadas revistas estadounidenses
lo subrayan como una de las especies más combativas y difíciles
de pescar. La lnternational Game Fishing Asociation (I.G.F.A.), entidad decana
que registra los récords obtenidos por los pescadores de todo el mundo,
lo incluyó en 1980 en sus índices.
Los señuelos nacionales resultan eficaces en la práctica del trolling.
Como consume mucho oxígeno
y una buena cantidad de alimento, en el norte correntino encuentra muy buenos
espacios para habitar: el agua circula velozmente a los costados de las grandes
piedras que salpican
el lecho y en las abruptas
caídas o desniveles sumergidos conocidos como "veriles". Estos
accidentes le proporcionan el oxígeno que necesita y a su vez arrastran
sin piedad a los peces más pequeños (forrajeros) a los que el
dorado caza al acecho ante su paso. Los músculos de su boca son muy potentes
y sus dientes pueden partir un sábalo sin inconvenientes. Su coloración
amarilla con vivos rojos en la cola resalta las múltiples contorsiones
que realiza una vez que se siente "pinchado": es un espectáculo
que el aficionado nunca olvidará. En muchas ocasiones, sus violentos
cabezazos fuera del agua hacen que el artificial salga disparado a varios metros
y el pez gane su merecida libertad.
Los potentes surubíes
Junto con el dorado, los cachorros
les quitan el sueño a los pescadores que, cuando llega el otoño
y mengua un tanto la alta temperatura mesopotámica, salen en busca del
pez deportivo más grande que puebla nuestras aguas dulces.
Ituzaingó permite capturar surubíes muy grandes, como éste de casi treinta kilos.
Como buen pez cazador que
vive en el fondo del cauce paranaense es posible capturarlo con carnadas naturales
o con señuelos a los que ataca con voracidad. Muchas veces, en esta última
modalidad prendimos surubíes prendidos de las aletas o especialmente
de la cola. Las teorías al respecto se bifurcan: ¿es "robado"
casualmente al pasarle los filosos triples por su cuerpo o golpea a su presa
con un coletazo para atontarla y así engullirla posteriormente? Los científicos,
cuando los presupuestos lo permitan, tienen la palabra.
A simple vista se diferencian
claramente dos clases de surubí. El rollizo o atigrado tiene su cuerpo
surcado por una trama vermicular en posición vertical. No es tan común
y presenta muy buen combate. El surubí común alcanza pesos superiores
en comparación con el atigrado y posee su cuerpo recubierto de pintas
(los brasileños lo llaman "pintado").
El placer del trolling
El estilo denominado "trolling"
consiste en arrastrar un señuelo por medio de una embarcación
para que el engaño pase por el lugar apropiado donde cazan dorados y
surubíes, ejerciendo la acción cinética para la cual ha
sido concebido. Por estas razones es obvio que se necesita trabajar con artificiales
de buena calidad (los nacionales han superado a los importados) y con guías
que "lean" el río y conduzcan apropiadamente su lancha.
Generalmente se emplea una
caña que ronda los dos metros y reel rotativo cargado con nailon 0.40
(o multifilamento de similar resistencia). Conviene emplear pasahilos de hardoloy,
óxido de aluminio o titanio para evitar las desagradables marcas que
terminan mellando el sedal. A la línea madre se le ata el esmerillón
de un líder de 20 libras, rematado en su otro extremo por un mosquetón
al que se le adosa el señuelo.
Los artificiales con forma
de banana, mojarra o tipo Bagley son los más rendidores. Vienen en varios
colores y tamaños, y los buenos guías saben calibrarlos desde
el punto de ataque (argolla que lo sujeta al equipo) para que operen como es
debido, sin desviarse hacia los costados. Esta tarea es imprescindible antes
de empezar a pescar con cada artificial y luego de obtener una pieza que suele
desequilibrarlo.
El trolling exige que el pescador
esté constantemente atento a su línea. Con un solo toque de su
boca, dorados y surubíes comprueban que se trata de un elemento no natural,
por lo que lo abandonan de inmediato. El pescador tiene, por lo tanto, una sola
oportunidad de cañar con fuerza y eficacia para lograr una buena clavada.
Por eso también es necesario que los triples estén bien afilados
a fin de atravesar bocas óseas.
Triple pesquero
En la sección del Paraná
más destacada para los grandes portes se levantan tres pintorescas y
clásicas ciudades sobre la ruta 12, bien preparadas para recibir a los
pescadores y ofrecerles los servicios que ellos requieran.
Ituzaingó es la más oriental de las tres.
Ubicada a noventa kilómetros de Posadas, cuenta con servicios directos
desde Buenos Aires y una muy buena infraestructura hotelera. La pesca se complementa
con otros puntos de interés turístico para toda la familia: la
represa hidroeléctrica, los esteros del Iberá, el zoológico
Mizaingó o los establecimientos de yerba mate y té. Los pesqueros
más destacados son Punta Ñaró, Fiplasto y la isla de los
Patos.
Itá Ibaté goza de una marcada tranquilidad al estar
lejos (poco más de 150 km) de las capitales más ruidosas. La menor
infraestructura se complementa con muy buenos lugares de pesca (por ejemplo,
la isla Bolita y los planchones de piedra) y la clásica atención
campechana y familiar de las poblaciones más chicas.
Casi frente a la confluencia
del Paraguay se yergue Paso
de la Patria, famosa por
su célebre Fiesta Nacional del Dorado, que se lleva a cabo cada agosto.
Con muy buena hotelería y una larga lista de guías, el pescador
puede disfrutar inolvidables jornadas recorriendo piedras y veriles desde las
aguas frente a la ciudad de Itatí (famosa por su basílica), pasando
por Puerto González, isla Toledo y las Piedras Negras hasta llegar a
"las islas de abajo".