DESCUBRIENDO LUGARES
Todavía recuerdo
nombres que brillaban, como la boca del río Chimehuín, el Malleo
abajo, el accidentado Caleufú, inmensamente bellos lagos Currhué
Chico y Grande, la boca del Quilquihué en el lago Lolog, el bucólico
río Meliquina, el río Traful y tantos otros destinos comunes de
los mosqueros de antaño, lugares donde la pesca era de una calidad tal
que trascendió nuestras fronteras y quedó plasmada en innumerables
relatos de famosos mosqueros, como Haig Brown y Joe Brooks.
Esto no quiere decir
que en dichos lugares ya no exista pesca alguna; todavía quedan truchas
que han logrado sobrevivir a la depredación y a los malos cuidados, pero
para obtenerlas tenemos que poner en juego conocimientos y técnicas muy
depuradas que no todos dominan. Este tipo de pesca, cada día más
dificultosa, frustra muchas aspiraciones, sobre todo de los que se inician o
de los que no han variado las costumbres de épocas pasadas.
Argentina cuenta con
reglamentos de pesca de salmónidos muy avanzados con respecto a otros
países; pero en general el pescador promedio ni siquiera se toma el tiempo
necesario para leerlos y respetarlos y poco pueden hacer los guardafaunas y
guardaparques para hacerlos cumplir, ya que muchas veces no cuentan con los
medios mínimos que deberían tener para realizar sus tareas. Es
de esperar, para bien de todos, que en un futuro próximo los responsables vean en los
salmónidos el potencial que realmente tienen como generador de un turismo
de alta calidad hacia estas regiones y tomen ejemplo de otros países
en tal sentido. Por mencionar alguno, es interesante conocer que hoy día
el gobierno de Canadá compra las licencias de los pescadores comerciales
del salmón del Atlántico; es decir, que les paga por no pescar
comercialmente; de esta manera, miles de salmones que hubieran terminado sus
días en las redes ascienden los ríos y son pescados por deportistas
que, además de devolverlos al agua pensando en el futuro, generan un
movimiento comercial en la zona, de vital importancia para todos los pueblos
y habitantes, dentro de las áreas de pesca. Argentina pese a lo antedicho
posee aún infinidad de lugares donde la pesca sigue siendo excelente;
pero no por esto debe descuidar sitios maravillosos que, con un poco de trabajo,
en poco tiempo volverían a ser el sueño de todos.
No olvidemos que no
estamos luchando con enemigos terribles como la contaminación industrial
o ambiental de los ríos; esto sería mucho más dificultoso
de subsanar; sólo tenemos que evitar la sobrepesca indiscriminada que
aqueja a determinados parajes.
Punto de partida
Veamos ahora un poco las
muchas alternativas
que tenemos para disfrutar de una pesca de alta calidad dentro de algunos circuitos
no tan tradicionales.
Tomemos como punto de
partida la localidad neuquina de Zapala. Desde ella podemos optar por un recorrido
por el norte neuquino, aún agreste y salvaje, pero con caminos en aceptable
estado aún para autos urbanos.
Partiendo de Zapala
hacia el noroeste llegamos a Chos Malal, antigua capital del Neuquén
hasta 1904, donde contrastan añosas construcciones coloniales de adobe
con la moderna infraestructura urbana de los últimos años.
Hacia el oeste de Chos
Malal se ubica la pequeña y pintoresca población
de El Cholar, donde
el tiempo se ha detenido, conservando las tradiciones de sus habitantes. Unos
15 kilómetros al oeste llegamos al valle del río Trocomán,
cuyo lecho formado por piedras de gran tamaño brinda el ambiente ideal
a las truchas Arco Iris.
El Trocomán es
el mejor cauce de la región norte; sus límpidas aguas albergan
gran cantidad de truchas que todavía no saben mucho de moscas, por lo
que no tenemos que hilar demasiado fino para tentarlas. El tamaño promedio
oscila entre los 300 gramos al kilo, suficiente para hacer las delicias de los
fanáticos de equipos livianos.
El pescador con mosca actual enfrenta un panorama realmente diferente, en la pesca de alta calidad, al que se daba no hace tantos años, encontrando muchas alternativas dentro de circuitos no tradicionales |
Nuevamente, partiendo de
Chos Malal hacia el noroeste podemos acceder a la localidad de Andacollo, luego
de cruzar la cordillera del viento. Andacollo se caracteriza por sus lavaderos
de oro y su nombre en quechua significa «lo mejor de los minerales». El volcán Domuyo, con una altura de 4700 metros, remata
la cordillera del viento y su cumbre permanentemente nevada es una vista que
por sí sola vale la excursión. Desde Andacollo podemos encontrar
el pequeño pero interesante río Nahueve, donde las Arco Iris abundan
para el pescador dispuesto a caminar un poco. En estas zonas no siempre es posible
llegar hasta la orilla de los cauces con un auto normal, por lo que hay que
llevar el espíritu dispuesto para algunas caminatas.
Siguiendo hacia el norte
de Andacollo encontramos al alto río Neuquén, muy bueno si lo
hallamos limpio ya que gran parte de la temporada arrastra sedimentos de las
aguas volcánicas provenientes del Domuyo y deshielos de la cordillera
del viento. Si tenemos la fortuna de encontrar las aguas claras del Neuquén,
la pesca de Arco Iris de buen tamaño es suficientemente segura.
Bastante más
al norte descansan las lagunas de Varvarco, de aguas azules y claras; lamentablemente
el acceso es sólo recomendable para vehículos todo terreno, ya
que hay que vadear varios arroyos antes de acceder a las mismas.
En estas lagunas, la
cantidad de truchas de tamaño mediano es sencillamente asombrosa.
Aventureros
pero no tanto
Para los que no tengan un
espíritu tan aventurero y pretendan mayores comodidades, sobre todo en
los alojamientos, sugiero tomar rumbo al SO de Zapala, hacia el lago Aluminé.
Toda la cuenca del río Aluminé es poco frecuentada por pescadores
y las posiblidades que brinda son realmente interesantes.
Si dejamos un poco de
lado el lago Aluminé mismo que, por formar parte del corredor turístico
de Pehuenia es bastante frecuentado, y recorremos un poco hacia el sur el río
Aluminé, encontramos al cambiante río Pulmarí. Este río,
de unos 30 km de recorrido, alterna todo tipo de aguas posibles: desde lechos
fuertemente rocosos y altos farallones hasta zonas de aguas completamente tranquilas,
cuyo fondo densamente cubierto de algas es el hábitat ideal de magníficas
Arco Iris y Marrones. A lo largo de su cauce, el Pulmarí presenta un
par de lagos en los cuales funcionan muy bien las moscas que imitan odonatos,
comúnmente libélulas y alguaciles, que predominan sobre otros
organismos en las aguas con abundante vegetación.
El Pulmarí presenta
aguas claras durante toda la temporada, pero por su cambiante caudal los mejores
momentos se ubican desde finales de diciembre, cuando la altura de las aguas
permite vadearlo con comodidad.
Al sur del Pulmarí,
en el siguiente valle, encontramos al río Rucachoroi, que a pesar de ser
pequeño tiene sorpresas. Este es un río para intentar al comienzo
de la temporada, ya que normalmente a mediados de ella su cauce lleva tan poco
caudal que las truchas migran al Aluminé o al lago Rucachoroi, en busca
de temperaturas adecuadas.
Siempre con rumbo sur
llegamos al río Quillén, famoso desde hace mucho y curiosamente
no tan frecuentado. Lo mismo que el Pulmarí, presenta aguas para todos
los gustos. Ya sea utilizando secas, ninfas o streamers, este río nos
brindará grandes satisfacciones al estar muy bien poblado por Arco Iris
y Marrones de buen tamaño. Los accesos son cómodos y hay muy buenos
alojamientos cercanos a los sitios de pesca.
El río Aluminé
es el colector de las aguas de varios de los anteriormente mencionados y, pese
a ser un río de dimensiones considerables, brinda al pescador con mosca
sitios realmente fascinantes. Si bien se puede pescar caminando, el acceso a
los lugares más rendidores no siempre es sencillo. Lo más indicado
es su descenso en balsas neumáticas, con un guía que lo conozca.
De esta manera se accede a lugares imposibles por carretera, donde la pesca
es sencillamente increíble. Las truchas del Aluminé, en su mayoría
Arco Iris, se concentran debajo de los innumerables sauces que custodian sus
orillas, alimentándose de lo que cae de ellos. Por esta característica,
es más productivo pescar desde la balsa, lanzando hacia los sauces. Desde
la costa es casi imposible, dado lo denso del follaje de estos árboles
que generalmente impide los lanzamientos o por lo menos los dificulta en grado
extremo.
La zona alta del Aluminé
presenta rápidos violentos y una corriente potente, por lo cual hay que
vadear con respeto; pero, apartir de la confluencia del río Pulmarí,
su carácter se modera bastante, alternando profundos pozones con correderas
bajas, donde podemos bajar de las balsas y pescar caminando, con facilidad.
Todo el curso del Aluminé hasta la confluencia del río Malleo
es excelente, sólo hay que tener la precaución de pasar por alto
las zonas donde veamos campamentos, en ellas, que por fortuna son escasas, la
lombriz y otros anhélidos se han encargado de limpiar de truchas el lugar.
Espero que esta somera
descripción de algunas zonas poco tradicionales aliente nuevamente a
los que han sufrido algún desencanto en lugares típicos, y quizá
en otra oportunidad con algo más de espacio, podré compartir las
reales bellezas de estos lugares, en los que no sólo hay salmónidos
sino todo un entorno agreste que despierta en nuestro espíritu esos sentidos
que nuestra vida citadina adormece y oculta. El sur argentino ofrece éso
y mucho más para todos los que acepten el desafío de cuidar lo
que ya existe y descubrir lo que permanece inexplorado.