Dorados de aquí nomás
Dos mitos se rompen en las aguas cercanas del Plata y del Paraná: hay dorados y pueden pescarse con señuelos.
En otras épocas era
común pescar grandes dorados en las aguas costeras desde Rosario al Río
de la Plata. Luego, llegaron la contaminación, la pesca furtiva, las
costas rellenadas, y con ellas casi desapareció de esta franja el "tigre
de los ríos".
Captura con Bananita. Detrás, la escollera del Mitre y el canal.
Sin embargo,
en los últimos meses sorprenden en toda la cuenca del Plata dorados juveniles
que hacen las delicias de quienes pescan con equipos muy livianos.
Mirando el obelisco
Visitamos dos zonas del Plata a las que se llega rápidamente
desde las guarderías ubicadas mayormente en Tigre y San Femando. Con
el guía Alfredo Gisbert concurrirnos a la desembocadura del Paraná
de las Palmas, en el sector dragado conocido como canal Emilio Mitre. Por allí
ingresan buques de gran tamaño que navegan hacia los puertos del norte.
En las escolleras construidas para evitar el continuo embancamiento el agua
golpea y produce correderas muy buenas para intentar con artificiales. De acuerdo
con los vientos y las crecientes, conviene intentar de un determinado sector
de la barrera a la altura donde se hunde en las aguas marrones. Hay mucha profundidad
del lado del canal y poca del costado externo.
Con el guía
Héctor Miramonte nos dirigimos a la vera de la gran urbe. Desde lancha
es posible pescar dorados a la altura de la tabla-estacada del Centro Naval,
paraje conocido como "Las Chapas". Luego de golpear este parapeto
costero se produce un aceleramiento en el agua donde esperan los doradillos
para cazar sus presas. La zona está minada de sábalos, algunos
mayores a los tres kilos. Generalmente no es muy profundo. También probamos
con éxito la toma de agua ubicada frente a la Costanera, donde los piques
se suceden al chocar el agua contra esta austera torre, especialmente en bajante
y parada de agua con unos quince pies de profundidad.
La voracidad del dorado
hace que tome artificiales grandes en proporción a su tamaño.
Y un poco más allá
Desde el mes de febrero, pudo apreciarse una cantidad
notable de dorados remontando el Paraná Guazú en la conjunción
del "agua negra" (masa líquida que sale de los campos isleños
inundados y que se caracteriza por ser muy transparente) con el "agua marrón"
del cauce principal. Tal concentración llevó incluso a la práctica
del trolling costero (arrastrar el señuelo desde una lancha), empleando
con singular éxito artificiales articulados y de paleta corta.
Esta alternativa
rindió muy bien en la zona que va de la naciente del Paraná de
las Palmas hasta San Pedro. En nuestro caso prendimos una veintena de ejemplares
en una tarde, pescando en la franja entrerriana que
da a las Lechiguanas,
entre la desembocadura del arroyo Los Lobos y un poco aguas arriba de las del arroyo
Salvatierra. Los pesos de los dorados son verdaderamente llamativos, ya que
algunos superan
los cinco kilos. Según los lugareños hace, por lo menos, quince
años que no se ve semejante pesca.
En algunos
puntos, como la boya 259,2, era tanta la abundancia de dorados, que mientras
mi compañero recogía trayendo una pieza clavada en trolling, otros
ejemplares pugnaban por la carnada artificial. En ese momento, lanzamos en spinning
en esa área en derredor de la lancha de Daniel y capturamos otro ejemplar
mientras la embarcación derivaba e izábamos el primero. Tampoco
eran extraños los tripletes e, inclusive, piques en señuelos poco
comunes en la Argentina, como un suspending que tiene la ventaja que
se lo puede calibrar para que funcione en determinada profundidad.
Caja de pesca
En los tres casos, si bien es posible pescar con morena,
optamos por el spinning, técnica que consiste
en recoger
un señuelo lanzado al agua. En aguas profundas, rinden los artificiales
de paleta larga, mientras que en aguas playas son más eficaces los de
paleta corta. En ambos casos los dorados, de uno a cuatro kilos, toman con avidez
las pequeñas mojarras, bananas, minnows o "gordos". El pique
es violento y la lucha que sigue, digna de experimentar en carne propia. Saltos
de un metro fuera del agua, cabezazos y corridas suelen darle al dorado la libertad,
premio que, de lo contrario, debemos otorgarle con sumo cuidado
una vez que
se rinde junto a la embarcación. Para ello lo mejor es emplear una pinza
de puntas largas y, si es posible, sin sacarlo del medio líquido, o levantándolo
con delicadeza, sacarle el anzuelo de la misma manera que ingresó.
Para este tipo de pesca la presencia de un guía avezado es fundamental. Por eso recomendamos a Alfredo Gisbert (730-3194) y Héctor Miramonte (796-3518) para el Río de la Plata y Daniel Castagnola (0329-27811) para la franja entre Baradero y San Pedro. |
Con caña
de hasta dos metros, para señuelos de hasta 3/4 de onza, reel frontal
cargado con nailon 0.30 y leader de 15 libras, hay diversión asegurada
y a pocos minutos del Microcentro.
Por Néstor Saavedra