M u s e o d e l A . C . A .
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Con la esperanza que los objetivos allí expuestos
sirvan para incentivar el entusiasmo por un deporte que no parece tener limites
de velocidad, pero que siempre debe cimentarse sobre valores permanentes de
hombría, valor, nobleza y honradez, dado que en el se expone la vida
aun cuando el triunfo es de las maquinas, Juan Manuel Fangio concreto la donación
de sus copas, trofeos, condecoraciones y automóviles al museo, con una
escritura fechada el 18 de marzo de 1983. Sus diez autos son la base permanente
de la muestra. Se trata de un Chevrolet 1928 con el que corrió como acompañante
de Manuel Ayerza cuando apenas tenia 18 años; la cupe Chevrolet 1940
con la que intervino en el gran premio internacional del norte y fue campeón
de turismo carretera; su Volpi-Chevrolet de mecánica nacional fuerza
libre; dos Alfa Romeo 308, la de Oscar Alfredo Galvez, de 1951, y la de Pessatti,
que no tiene carrocería pero de gran valor ya que no existe ninguno similar,
ni siquiera en el museo de la casa que lo fabrico, en Europa. También
esta un Mercedes Benz 300 SL de 1957, un auto de calle que le obsequio la automotriz
germana, un MG 1947 que le fue regalado por Celia Camer y un Vespa que recibió
de manos de Piaggio. Además de estas piezas hay otras que no son de propiedad
del museo, pero que serán exhibidas en forma transitoria, como el Simca-Gordini
con el que se mato en Buenos Aires Jean-Pierre Wimille y su gemelo, con el cual
Fangio gano en Marsella; el Daimler de 1892 propiedad del Automóvil Club
Argentino - el vehículo automotor más antiguo de país -;
el Brabham BT36 de Reutemann; los TC de Oscar Galvez y de Juan Manuel Bordeu,
este ultimo conocido como "La Coloradita" y el Renault RE30, con el
cual Alain Prost corrió en Formula Uno, en 1982.
Después de retirarse de las pistas en 1958, con cinco
títulos mundiales en su haber, Juan Manuel Fangio
comenzó a
acariciar la idea de hacer destinatario a su país, a través de
su pueblo Balcarce, de todos los bienes que refleja su carrera deportiva: trofeos
(que por otra parte nunca quiso guardar, sino que entregaba "en préstamo"
a sus amigos), condecoraciones, documentos, piezas inéditas y automóviles.
Pero no fue sino hasta 1976, cuando esa idea, hasta entonces solo un deseo o
una intuición, tomo la forma de un proyecto acabado. Un decreto de la
Municipalidad de Balcarce creo ese año la comisión pro-museo del
automovilismo, argumentando interpretar la voluntad del quíntuple y los
anhelos de la comunidad. La intendencia donó asimismo el espacio físico
para la obra, el viejo edificio del consejo deliberante, construido en 1906
y abandonado desde 1976. Con aportes privados y apoyo provincial, la obra dio
comienzo en 1981. El proyecto de un grupo de jóvenes y brillantes arquitectos
balcarceños resulto realmente innovador. Se preservo la fachada histórica
- una de las ultimas que se conservan en la mas que centenaria ciudad- montando
en su interior una estructura de hormigón armado, con perfileria exterior
de aluminio. Tras ingresar por el pórtico original, de cinco metros de
altura, se desciende hasta 2,5 metros por debajo del nivel de la calle. Allí
se ubica el plato central. A ese nivel, en total 1530 metros cuadrados de superficie,
se encuentra la biblioteca y archivo, la sala de exposiciones para artes plásticas,
la zona de venta de recuerdos, la administración, la confitería
y los sanitarios. Del plato central una rampa helicoidal ascendente, que conecta
con las seis bandejas de exposición, la mas elevada a 7,30 metros de
altura que totalizan una superficie de 1564 metros cuadrados. En los dos niveles
superiores, se ubican las vitrinas y mesas de exposición de los trofeos
- más de un centenar -; pero el lugar es mas que un museo. Un auditorio
de 110 butacas, para exhibiciones y espectáculos (y además sede
del consejo deliberante); un taller de restauración y una playa de estacionamiento
completan el total de 4.367 metros cuadrados de lo que es en realidad el "centro
tecnológico - cultural y museo del automovilismo Juan Manuel Fangio"
emplazado en una de las principales esquinas de Balcarce, en la intersección
de Mitre y Dardo Rocha, frente a la florida plaza Libertad. La disposición
técnica de las bandejas, se inicia con la "historia de los 100 años
del automóvil" (1 y 2), continuando con "Juan Manuel Fangio
- Gran Prix" (3), industria y Tecnología (4), "desarrollo del
neumático de competición (5) y automovilismo nacional - TC (6).
El Automóvil Club Argentino, institución pionera
en el país en todo lo referente al deporte mecánico, no podía
estar ausente en un verdadero acontecimiento, como lo es la inauguración
oficial del museo del automovilismo Juan Manuel Fangio. Es además para
mi una satisfacción personal, sumarme al jubilo que la población
de Balcarce experimenta por poder exhibir, de hoy en mas, la historia de su
hijo dilecto, el quíntuple campeón mundial. Lugar y persona están
definitivamente unidos en una misma trayectoria de esfuerzo legendario, de sinsabores
y triunfos, aunque fuese en sitios tan lejanos a estos pagos tan tradicionalmente
hospitalarios. Este museo demuestra, una vez mas, el regreso del ser humano
a sus raíces. Ser y ámbito se unen en una amalgama de singulares
características. La capacidad de observación, la tendencia para
poder convivir con la naturaleza, la modestia, el trato sencillo y respetuoso
que siempre distinguieron a Fangio en todas partes, le vienen de Balcarce. Por
que allí aprendió una forma de vida que hizo suya y que le permitió
obtener, al margen de lo deportivo, la simpatía, la consideración
y el cariño de seres muy distintos. Aquel pueblo de campo fue creciendo
hasta ser ciudad, junto al adolescente aprendiz de mecánico que se hizo
hombre de éxito, que al hacerse famoso, hizo famoso a Balcarce en el
mundo entero. Hoy al entregarle su gloria deportiva, Fangio le devuelve a su
ciudad natal todo el cariño que siempre le profeso. El Automóvil
Club Argentino también esta definitivamente unido a la brillante trayectoria
de quien fue, legítimamente, ídolo dentro y fuera de la argentina.
Es oportuno recordar que en los orígenes de su primera campaña
en el viejo mundo, estuvo presente el ACA, no sólo con su auspicio, sino
con su apoyo efectivo y concreto. En nombre del Automóvil Club, y en
el mío propio, quiero entonces agradecer a Fangio y a Balcarce, por enriquecer
nuestro acervo con este museo.
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