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Si se hiciera una encuesta entre aquellos que nunca han viajado a
Europa y se les preguntara cuál sería la ciudad para visitar en primer
término, sin dudas París ocuparía ese lugar. Y si la encuesta
fuera entre los que ya han visitado el Viejo Continente, indagando
sobre a qué ciudad quisieran volver, seguramente París figuraría
entre las primeras.
Pero, ¿qué es lo que tiene la Ciudad Luz? Historia, arte,
espectáculos. Es una metrópoli que incita al recorrido y a repetir
recorridos, ya que siempre será posible un nuevo descubrimiento
que llegará a maravillarnos. Es un lugar que invita a sentarse para
contemplar y gozar, desde la mesa en la vereda de un café, desde
un banco en los Jardines del Luxemburgo o desde ese mirador casi
entre nubes que es la terraza superior de la Tour Eiffel. Es el sitio
para apreciar todo tipo de gastronomía, desde la que ofrece un restaurante
de lujo hasta la baguette comprada en un puesto callejero,
que se come al borde del río Sena entre la visita a dos museos o en
lo alto de la colina de Montmartre con la ciudad a nuestros pies.
La cultura francesa, con París como centro, está muy unida a la
Argentina. Ha configurado una parte de nuestro acervo cultural y
no la menos importante. Reconocer en el área del Parc Monceau
los edificios que inspiraron nuestras residencias opulentas o los
elementos de equipamiento urbano –faroles, monumentos, fuentes–
que tuvieron su réplica entre nosotros, hace que nunca podamos
sentirnos extraños en París.
Ésta es una invitación destinada a quienes visitan por primera vez
la Ciudad Luz y también para aquellos que quieren regresar a ella.
Un primer recorrido orienta y muestra lo fundamental: Champs
Elysées, Place de la Concorde, Tullerías, área de la Catedral de
Nôtre Dame, Barrio Latino, Montmartre con la Basílica del
Sagrado Corazón. Es toda una incitación a volver con espíritu de
caminante a estos lugares y a plantear otros recorridos: pasear por
los grandes bulevares con monumentales perspectivas, apreciar la
equilibrada espacialidad de plazas como Vendôme, descubrir rincones
llenos de magia en los barrios de Montmartre o
Montparnasse, donde vivieron escritores y artistas recordados en
cabarets, bares y salas de espectáculos.
Y apreciar también el pujante París de fines del siglo XX en el sector
de La Défense, el conjunto de residencias de la vieja nobleza en
el barrio del Marais transformados en museos, como el que alberga
la colección de obras de Pablo Picasso o el Palacio Carnavalet,
dedicado a la historia de París. Más allá de los obligados Museo
del Louvre o Museo d’Orsay, son imperdibles otros como el que
exhibe la obra del escultor Auguste Rodin o el museo de arte
medieval en la antigua residencia de los monjes de Cluny, en pleno
Barrio Latino.
Los alrededores de París están llenos de sugestión, tales los pueblos
donde vivieron famosos artistas y fueron motivo para sus
creaciones: Auvers-sur-Oise conserva el recuerdo de los pintores
Daubigny, Cézanne y Van Gogh, quien pasó allí los últimos días de
su atormentada vida; en Giverny residió Claude Monet y pintó sus
famosos nenúfares, la culminación de la escuela impresionista.
Otro recorrido incluye a la ciudad de Chartres, cuya catedral gótica
es quizá la más importante del medioevo francés.
Y planteando opciones dentro de distancias un poco más lejanas, ¿por qué no dirigirse hacia Normandía?, por ejemplo al impactante
Mont Saint Michel o los balnearios de Honfleur o Trouville, que
inspiraron a los paisajistas de mediados del siglo XIX y principios
del XX. En un día también se puede visitar Brujas, la mágica ciudad
de los canales, o incursionar por el Valle del Loire, con los castillos
que son la gloria del renacimiento francés.
Las opciones no se agotan con lo expuesto. Quien está en París
recibe la intensificación vital que produce toda obra de arte. Y
París es una obra de arte viva y en toda su plenitud. Como tal
debemos sentirla y maravillarnos.
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El Sena a la altura del Pont des Arts |


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Publicado en la Revista Autoclub N° 196 - Enero / Febrero / Marzo 2008
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