El 4 de agosto de 1957 se disputó el Grand Prix de Alemania en el
peligroso y demandante circuito de Nürburgring, con sus 22,81 km
(el más largo) y 180 curvas. A Fangio le encantaba ese circuito dado
que presentaba todas las dificultades imaginables, lo cual le permitía
lograr hacer una diferencia con el resto de los pilotos. Por ejemplo,
en ciertos sectores, andando muy fuerte, las ondulaciones de la pista
hacían que una máquina despegara en el aire por casi 2 m de altura,
en una trayectoria de 8 m. Para dar una idea de lo peligroso de este
circuito, hay que recordar que desde 1927 hasta 1957, con seis años
de interrupción por la Segunda Guerra Mundial, murieron en él 125
pilotos. Debido al grado de concentración absoluta e ininterrumpida
que exigía, Fangio recordaba que si la trayectoria en una curva no era
perfecta, un piloto podía irse afuera cuatro curvas después.
En esa tarde, su Maserati 250F estaba equipada con cubiertas Pirelli,
que tenían buen grip pero no duraban las 22 vueltas (500 km). En
cambio, las Ferrari tipo 801, sus principales rivales, montaban
cubiertas Englebert, que sí duraban toda la carrera. Por lo tanto, el
jefe de mecánicos de Maserati, Guerino Bertochi, y el director, Nello
Ugolini, hicieron largar a los tres autos de la escudería con medio tanque
de combustible para cambiar las gomas a mitad de la carrera. Le
indicaron a Fangio que si sacaba 30 segundos le podían cambiar las
gomas y cargar combustible en ese tiempo y salir de nuevo junto a las
Ferrari.
A las 13 de una jornada muy calurosa se largó la carrera. Fangio,
habiendo obtenido en la clasificación la pole position, permaneció en
el tercer lugar estudiando la oportunidad para pasar a las dos Ferrari,
a las cuales adelantó en la vuelta tres. A partir de ahí hay un solo
hombre en Nürburgring. Y comienza su plan, batiendo once veces
su propio récord de vuelta, excepto en la vuelta doce, donde se detiene
con una diferencia de 29 segundos. Los mecánicos hacen un
mal trabajo, demorándose al atrancarse una rueda, y pierde los 29
segundos más 48 adicionales.
Fangio salió de boxes desilusionado, pensando que su sueño de
ganar esa tarde era casi imposible. No obstante lo intentó, y con
su habitual fría estrategia (la mejor, según Enzo Ferrari), recorrió
la siguiente vuelta moderadamente para asentar y calentar los
neumáticos, pasando a 51 segundos y quedando nueve vueltas
para finalizar. Con su experiencia, Fangio me contaba haber
aprendido que las curvas veloces se podían tomar, siempre que la
trayectoria fuera perfecta, en un cambio más alto que el habitual,
con la incomodidad de perder grip pero saliendo en la siguiente
recta con el motor a más vueltas, actitud que mantiene hasta el final.
Había una leve elevación que atravesaba una recta debajo de un
puente, que normalmente se hacía en quinta marcha peinando el
acelerador para que el coche no se desacomodara al caer. Fangio
la tomó una vez a fondo, bien pegado al costado de la pista. La
Maserati se elevó y cayó en el otro extremo del asfalto pegado al
cerco perimetral. Observando por el espejo retrovisor, vio que
había levantado una nube de polvo al apoyar dos ruedas en la
banquina. De ahí en más repitió esto en todas las vueltas, ganando
preciosos segundos en un tramo tan veloz.
De esta manera, siempre batiendo su propio récord, llegó a la
penúltima vuelta, donde se puso a la cola de la Ferrari de Collins,
y al llegar a la curva norte lo pasó pero se abrió demasiado por
haber entrado tan fuerte, y Collins lo volvió a pasar. Para que no
se agrandara, Fangio lo siguió bien pegado en varias curvas que
conducían a una recta en subida, donde se le puso al lado aproximadamente a 260 km por hora. Luego llegaron a un puente, donde
cabían los dos coches con lo justo. Collins levantó, pasó Fangio al
segundo lugar y cayó en el tobogán ciego que seguía al puente. La
Ferrari de Hawthorn estaba adelante a pocos metros, entonces
Fangio se puso a la cola por varias curvas evaluando la oportunidad
para pasarlo. Ésta se le presentó en una corta recta que conducía a
una curva a 90 grados a la izquierda, seguida de una a la derecha. En
la recta, Hawthorn se abrió a la derecha haciendo la trayectoria para
doblar a la izquierda, cuando Fangio se puso a su izquierda con dos
ruedas rozando el pasto. Como Hawthorn nunca supuso que Fangio
intentaría pasarlo en ese lugar, al ver una mancha roja a su lado –la
Ferrari–, pegó una espantada, desacomodándose. Después declararía
Hawthorn que tuvo la sensación de que si no se corría, el “viejo diablo”
lo pasaría por arriba. Al adelantársele, Fangio estableció una
distancia para que en la siguiente recta Hawthorn no pudiera aprovechar
la succión, y la mantuvo en la última vuelta para ganar por 3,6
segundos, a pesar de que en este último giro sufrió la rotura del bulón
central de su asiento, obligándolo a sujetarse con las piernas contra la
carrocería.
Habiendo mantenido al público de pie en las últimas vueltas, al
finalizar la carrera Fangio fue literalmente arrancado del cockpit y
llevado en andas hasta el podio, donde lo esperaban Collins y
Hawthorn, que lo felicitaron con una gran alegría, como si ellos
hubieran sido los ganadores.
Un conocido periodista inglés afirmó que para lograr esta hazaña
eran imprescindibles tres cosas: un chasis excepcional, un motor con
gran torque y un artista al volante. Stirling Moss, que se clasificó
quinto, comentó que él tenía gran admiración por Fangio, pero al ver
cómo había alcanzado y pasado a estos dos grandes pilotos en un solo
movimiento, subrayó el conocimiento de su grandeza y reserva ilimitada
de talento. El promedio de carrera, incluyendo la detención en
boxes de 77 segundos, superó el récord de vuelta fijado por Fangio
en clasificación el año anterior.
La tensión que le produjo tomar los riesgos de entrar a fondo en puntos
ciegos donde no lo habían hecho nunca antes, le impidió dormir
por dos noches porque las imágenes de la carrera volvían a su mente.
Recuerdo haber escuchado con gran emoción esta carrera por radio,
y al cumplirse los cincuenta años de esta hazaña, no podía dejar de
contar cómo se vivió ese momento.
En Nürburgring Fangio hizo la pole position, batió once veces su propio
récord de vuelta, ganó la carrera, obtuvo su quinto Campeonato
del Mundo faltando dos fechas para finalizarlo y consiguió el título
de “Maestro de Nürburgring” por haber ganado tres veces consecutivas
este Grand Prix.
Juan Manuel Fangio fotografiado luego de haber ganado el Grand Prix.
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